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Crónica

 

Madrid, 29 Febrero 1996
La Riviera

Lista de canciones

  1. Yeh Yeh(Georgie Fame)
  2. Ain't That Loving You Baby
  3. Days Like This
  4. Raincheck
  5. Your Mind is on Vacation
  6. Saint Dominic's Preview
  7. In the Afternoon
  8. Vanlose Stairway / Trans-Euro Train
  9. Melancholia
  10. Summertime In England
  11. Whenever Cliff Shines His Light
  12. Slim Slow Slider
  13. You Make Me Feel So Free
  14. See Me Through / Soldier of Fortune / Thank You (Falletin Me Be Mice Elf Agin)
  15. Tupelo Honey / Why Must I Always Explain
  16. Youth Of 1000 Summers
  17. I'll Take Care Of You
  18. It's a Man's World
  19. Lonely Avenue / Four O'Clock in the Morning
  20. Have I Told You Lately
  21. Crazy Love
  22. Brown Eyed Girl
  23. Satisfied

Duración: 2h 3m

  • Georgie Fame - Órgano
  • Geoff Dunn - Batería
  • Leo Green - Saxofón
  • Nicky Scott - Bajo
  • Ronnie Johnson - Guitarra
  • Matt Holland - Trompeta
  • Haji Ahkba - Flugelhorn
  • Pee Wee Ellis - Saxofones
  • Brian Kennedy - Coros

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Crítica: Van Morrison trae a España un concierto de puro 'rock and roll'

El cantante irlandés actúa esta noche en Madrid

DIEGO A. MANRIQUE - Madrid

El País, 29-02-1996

Van Morrison, el más legendario de los cantantes irlandeses, visita nuevamente España: dos conciertos, en Madrid (29 de febrero) y Murcia (1 de marzo) para los que se han agotado rápidamente las entradas. En esta ocasión, Morrison ha prometido "conciertos de puro rock and roll', lo cual no debe tomarse en sentido estricto pero que puede ser un aviso de que no habrá descanso para los pies.

George Ivan Morrison cumplió los 50 años el pasado 31 de agosto y quiere cuidarse: en sus camerinos exige yogur bajo en calorías, Nescafé descafeinado, queso y un poco de vino blanco. Moderación es el nombre del juego, aunque todo depende de las circunstancias: en Oviedo, tras su concierto con los Chieftains, montó en el hotel una estruendosa fiesta irlandesa -con gaita incluida- que tuvo desveladas a las pobres monjas que viven enfrente, a pesar de que ellas también están últimamente en el negocio musical.Puede haber adoptado hábitos light, puede estar perdido por una miss Irlanda, pero Van no se ha reblandecido: sigue siendo poco amigo de lo! saraos de la industria discográfica y prefirió prescindir de hacer relaciones públicas en la fiesta de los premios grammy para venirse a tocar a España.

En sus momentos más inspirados, Morrison se deja llevar por el arrebato, busca ese torrente extasiado en el que las notas y las palabras fluyen libres por encima de las fronteras musicales. Este tipo rechoncho e irritable habla muchos idiomas -blues,jazz, folk, soul, country- pero se ha inventado un vocabulario personal, empapado de su particular misticismo celta, acotado por poetas y filósofos a los que invoca para llegar a esos instantes de desbordamiento emocional.

En directo, Morrison es un músico generoso, que concede espacio a los instrumentistas que le respaldan (que no ignoran que, si fallan, pueden ser castigados con una de esas largas, feroces, implacables miradas que convierten en gelatina al culpable). Entre los nueve músicos de acompañamiento que trae están titanes del swing y el funk como el teclista Georgie Fame y el saxofonista Pee Wee Ellis.

Por parte del oyente, un reto diferente: Van Morrison tiene que demostrar en 1996 que posee buen juicio sobre su propia obra, un discernimiento que le ha fallado ocasionalmente. Ahora, Van anda preparando una revisión panorámica de sus más de 30 años de grabaciones, un corpus amplísimo y heterogéneo: una de esas cajas con varios discos que pretenden resumir una trayectoria musical.

Van Morrison y su hija Shanna ofrecieron su particular debate a dos (pdf, 517k)

Manual Martínez Cascante, ABC, 01-03-1996

Crónica: También sabe sonreír

FERNANDO MARTÍN

EL PAÍS - 02-03-1996

Van MorrisonVan Morrison (voz, armónica y guitarra acústica), Georgie Fame (órgano), Nicky Scott (bajo), Geoff Dunn (batería), Bryan Kennedy (voz), Leo Green (saxo), Matt Holland y George Dickerson (trompetas). Sala La Riviera. 3.500 pesetas. Madrid, 29 de febrero.

Muy posiblemente, en la vida contemplaremos a un Van Morrison más relajado y cooperador que el que hubo ocasión de ver anteanoche en su actuación de Madrid. Su legendaria actitud arisca parecía enterrada en medio del buen rollo, que flotaba como una nube rosa sobre el escenario.

Lució la estrella irlandesa rodeada por un impresionante acompañamiento de nueve músicos, entre los que cabe destacar el socio de toda la vida, Georgie Fame, al órgano Hammond y el andrógino cantante Bryan Kennedy, que complementó con una voz francamente hermosa los fraseos espirituales del genio de Belfast.

Frente a otros planteamientos más folks, Van escogió esta vez las sendas del blues y el ryth'n'blues para dar un repaso de más de dos horas a algunas de las páginas más bellas de su inabarcable repertorio. En un continuo viaje a través del tiempo, supo extraer el eco de los viejos Them con So make me feel.

Se detuvo en álbumes de tono menor como Enlightment, del que tocó canciones con sabor adulto y reposado como See me through o In my soul. Recordó uno de sus mejores discos, Moondance, con Crazy love, y, cómo no, cumplió la obligada pleitesía al presente, repasando sus dos últimos discos, Days like this y How long has this been going on.Diversión

Pero, sin lugar a dudas, lo más resaltable de la visita de Van Morrison estriba en que, a pesar de su eterna imagen de huraño de oscuro, por fin se le vio sonreír y manifestar a través de la interpretación en directo que, aparte de alcanzar grandes cotas de paroxismo emocional con esas improvisaciones vocales del tipo balbuceo, también es capaz de divertirse como un muchacho, entre colegas de sabia intuición musical.

Así, se le vio bromear con Kennedy, al que permitió interpretar en solitario You make me feel so free y hasta se dejó parodiar por el trompetista. Los dúos vocales fueron, precisamente, algunos de los picos más altos del concierto.

Al final, el adulto público que abarrotaba la sala no le Permitía irse del todo, provocando la enorme concesión hacia sí de obligar al maestro a interpretar uno de los más celebrados y optimistas temas de toda su carrera, Brown eye girl.

O sea, hasta hubo oportunidad para disfrutar de un Van Morrison que inducía a un suave movimiento de los pies. ¿Se puede pedir más? Pues mejor guardarlo en la memoria, por si acaso no se vuelve a repetir.

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